El Hombre que Comía Diccionarios
La Mujer sin Cabeza

Las notas musicales que salieron de la cabeza de la mujer sin cabeza golpearon con fuerza el coche aparcado en doble fila. El acero se dobló como el papel. Implosionó, si lo prefieres. Se replegó sobre sí mismo al ritmo de desagradables crujidos - craaak, creeek, craaak- y las palomas que soñaban con adoquines y mendrugos de pan huyeron volando hacia la India. Donde antes había un coche, ahora hay una lata de conservas. Donde antes había palomas, ahora no hay palomas. Y si pensabas que este era el final de la historia, entonces de la lata salió un pez.

El Pez de la Lata

El pez de la lata tomó aire y predijo el fin de la galaxia - alineación de planetas, Dios gritando desde una ventana, no más sandwiches de jamón y queso, etcétera-. El semáforo se puso en verde y un peatón con sombrero pisó al pobre animal. El pez murió, la historia no.


La suela del zapato del hombre que mató al pez

En esta suela de zapato hay un mapa del tesoro - tres pasos a la izquierda, dos a la derecha, la X no marca el lugar-, el pez muerto que predijo el fin de la galaxia, la espada de un guerrero cuyo nombre no recuerdo, una cabina telefónica, un ojo de cristal, un payaso de circo, la combinación de tu caja fuerte, una barba postiza, la paz mundial, un psicoanalista jungiano, el hueso de una aceituna, un globo con forma de globo, alguien con muy mala suerte, el autobús que hace la ruta Madrid-Sri Lanka, una persona que asegura ser tú, todas las palomas que soñaban con adoquines y mendrugos de pan al principio del relato - fantástico país, la India-, un acelerador de partículas, el yo-yo que tus padres nunca te compraron, la cabeza de la mujer sin cabeza y el título de la siguiente historia. Ni que decir tiene que la suela del zapato era muy grande.


Lo molesto que resulta ser perseguido por una lavadora

Si hoy es martes entonces mi nombre es B. Corro calle abajo tratando de huir de una lavadora. Me pisa los talones, así que me deshago de ellos. No la engaño. Debí comprarme un canario. No saben lo molesto que resulta ser perseguido por una lavadora. Hagan la prueba y sabrán lo que es levantarse todos los martes a las cinco de la mañana para escapar de un electrodoméstico asesino. Doy un salto, esquivo a una monja. Tropiezo y la lavadora me atrapa. Si hoy es martes mi nombre es B. Demasiado tarde. Me centrifuga.

Lo que quedó del hombre que fue centrifugado por una lavadora

No quedó nada.


Pequeña historia de amor en un bote de mermelada

Dos figuritas de plástico se deslizaron una vez entre la espesa mermelada. Se conocieron arriba, en la superficie, cuando ambas eran jóvenes y estaban llenas de esperanza y PVC. Bajo la tapa de metal se juraron amor eterno y fueron felices durante muchos centímetros con sabor a fresa, pero su relación amorosa fue tan tórrida y ardiente que terminaron fundiéndose. Ahora descansan en el fondo del bote, ligadas para siempre en un abrazo total, bajo capas y capas de mermelada.

 

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