El Hombre que Comía Diccionarios
Hazlo por el Manaña

"Después de treinta años de ausencia, Benson R. Pickwick regresó a su casa, conectó el televisor y, tras observar aterrado que la calidad de las emisiones seguía siendo la misma - es decir, ninguna-, puso fin a su vida por el antiguo y eficaz método de golpearse la cabeza con la puerta de la nevera.

[...]

Años atrás, concretamente en 1972, Anthony Corallino, un simpático niño de diez años procedente de una familia italoamericana residente en Francia, recibió varias picaduras de su televisor mientras leía un libro en su habitación. A pesar de todos los esfuerzos realizados por su familia, los médicos y el equipo de Psicología de Emergencia del Hospital Magritte de París, nadie fue capaz de borrar el terrible daño instalado en la mente del pequeño Anthony; que años después, y a raíz de las gravísimas secuelas padecidas, terminaría por estudiar Derecho para vergüenza y horror de sus ancianos padres."

Historias como la del pobre señor Pickwick o como la del joven Anthony Corallino ponen de manifiesto el profundo drama que vive el ser humano actualmente. Y es que, desde su invención en el siglo XIII, la televisión no ha hecho más que dar problemas. ¿Quién no ha recibido algún que otro insulto de su televisor? ¿O incluso algún golpe? ¿Quién, pregunto, no ha sido perseguido, humillado o amenazado por uno de estos infernales aparatos domésticos? ¿Quién?

Desde aquí os digo que es hora de hacer algo. Es hora de unirse, de luchar. Es hora de acabar con esta injusticia, con esta pesadilla diaria que tanto malestar produce. Por eso os pido, amigos, que unamos nuestras fuerzas para destruir al enemigo común. Que sea éste el principio del fin de la amenaza catódica. Que no haya un Mañana en el que la televisión venda drogas a vuestros hijos, os quite vuestros puestos de trabajo y os robe la cartera mientras visitáis un museo. Que la televisión no os diga lo que debéis o no debéis comer. Que no se ría de vosotros cuando os tropezáis al andar. Que no pegue a tu hermano. Que no grite a tu hermana. Un Mañana sin temer al presente. Sin tener miedo a vivir. Un Mañana en el que poder salir a la calle y jugar en el parque con las ardillas.

Quizá ese Mañana no exista. Quizá yo sólo sea un loco visionario, un chiflado. Quizá me equivoque completamente. ¿Pero acaso no debemos intentarlo? ¿Acaso hemos de resignarnos, cruzarnos de brazos y esperar el Fin? No, claro que no. Debemos luchar, hacer oír nuestras voces. Y debemos hacerlo ya.

Por eso, cuando salgas a la calle, cuando vayas al cine o a pescar; cuando corras tras una cometa o pilotes una nave espacial; cuando hables con tus amigos o escales el Everest, no te olvides de tener a mano un buen martillo pilón con el que aplastar a esos malditos engendros del demonio.

Hazlo por mí.

Hazlo por ti.

Hazlo por el Mañana.

 

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