El Hombre que Comía Diccionarios
A mi plin el Universo

Las escaleras de caracol me asustan. Los caracoles, sin embargo, me resultan totalmente indiferentes. Quiero decir que no me dan miedo. No me asustan, pero tampoco les tengo un especial cariño. Ningún cariño, en verdad. Las escaleras de caracol me aterran, pero los caracoles no. Y lo extraño de esto es que no sólo me sucede con los caracoles y las escaleras, sino que también me pasa con otras cosas. Con los pasos de cebra, por ejemplo.

¿Pero por qué? ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué se comporta de este modo el Universo? ¿Por qué admite estas - amén de muchas otras- extrañas posibilidades? ¡¿Y a qué demonios juega?! Porque actúa como si pretendiera volvernos a todos majaretas. Peor aún, como si quisiera reírse de nosotros. O burlarse por algo que le hicimos hace tiempo. Al menos a mí me lo parece. ¿Un atisbo de paranoia? ¿De verdad piensan eso de mí? Pero, por favor, ¿no les resulta sospechosa la enorme cantidad de contradicciones que coexisten en cualquier momento en las entrañas del Infinito? ¿La tupida red de paradojas que lo envuelve todo? ¿No les resulta extraño que este mecanismo gigante, este universo-artefacto de proporciones inimaginablemente grandes gaste tanta energía en ciertos asuntos menores, y sin embargo no le preste la más mínima atención a otros increíblemente más importantes? Al menos podría avisar, porque ni eso.

¿Y todo para qué? ¿Para que una patada dada por un niño a un canto rodado en 1456 desencadene una serie de reacciones que terminen desembocando en la II Guerra Mundial? ¿Para que algo tan inocente como un estornudo ponga a un país entero bajo las aguas del azul océano azul? Vamos, ¿no les resulta cuanto menos curioso? Porque parece como si ustedes, bípedos descerebrados, vivieran ajenos a este hecho todos los minutos del día. Mejor no pensar en ello, dicen en voz bien alta para que les oigan todos. Y les da igual que alguien se atragante con un hueso del pollo debido al vuelo de un pájaro en el 63; o que otro alguien se quede atrapado en un ascensor porque a un peludo Neanderthal no se le ocurrió nada mejor que echarse a dormir la siesta bajo un abeto hace miles de años. A mí plin el Universo, me parece oírles gritar. ¿Si? ¿De verdad piensan eso?

Pues a mí plin todos ustedes.

 

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