El Hombre que Comía Diccionarios
Agosto 30, 2001

Mr. Crocodile

El sonido de la tormenta me despierta violentamente. Hace unas horas encontramos por fin el río y nuestro guía, Hozman, decidió que lo cruzaríamos a nado. A todos nos pareció una buena idea. Incluso a Morris, el cocinero de campaña, tan habituado a quejarse por cualquier motivo. Lástima que nadie se fijara en los cocodrilos. Me sabe mal lo de Morris, era un buen tipo a pesar de él. Y también lo siento por Tim. Y por Alfred. Y por Julius y Roger. Por Smith, "el Sordo". Y por Patterson, Dickinson, Manfred, Penrose, Oggerhaus, Miles, Vennon, Ackerman y Mark. A pesar de las bromas - gracias a ellos ahora sé qué plantas son venenosas y cuáles no- y de los golpes en la cabeza, tampoco me caían mal. También lo siento por Higger, Lombardi, Krants, DeLavita, Gregor y Thomson. Y por los trillizos Brenton: Ralph, Will y David. Aunque me robaran la comida y participaran en aquel asunto con los alacranes - hacedme caso, revisad el saco de dormir antes de usarlo-, no les guardo rencor. A Paul, Thomas, Stevenson, "Piggy", Francis, Laurens y Conrad, les perdono. Me enfadé mucho por una tontería. Creo que no comprendí que el colgarme de un árbol era su forma de expresar lo mucho que me apreciaban.

Me despierto. He vuelto a quedarme dormido. La tormenta ruge en la noche. Tengo miedo. Aún recuerdo las últimas palabras que Hozman, nuestro guía, pronunció antes de ser devorado por un enorme reptil: "¡Mierda, cocodrilos!". Lo siento por Hozman. Era simpático. Fue al único que no le hizo gracia la broma de la tarántula en mi cantimplora. Se enfadó mucho. Él hubiera preferido un cienpiés venenoso. Tenía un sentido del humor muy agudo que yo jamás comprendí.

Ahora pienso en los cocodrilos. Ellos solitos se comieron a Hozman, el guía, y a Morris, el cocinero, y a Tim, y a Alfred, y a Julius -que sabía hacer fuego con dos piedras-, y a Roger, y a Smith -el "Sordo"-, y a Patterson -incapaz de matar a una mosca, aunque sí a una manada de elefantes-, y a Dickinson, y a Manfred, y a Penrose -rápido con la pistola, a pesar de faltarle tres dedos-, y a Oggerhaus, y a Miles, y a Vennon, y a Ackerman, y a Mark, y a Higger -el médico de campaña, que me suministró muy amablemente los antídotos y medicinas que fui necesitando-, y a Lombardi -el "Capo"-, y a Krants, y a DeLavita, y a Gregor, y a Thomson, y a Ralph, Will, y David -los inseparables (literalmente) trillizos-, y a Paul, y a Thomas, y a Stevenson, y a "Piggy" -cuyo verdadero nombre era Goldman o GoldFish o Fish... nunca lo supe muy bien-, y a Francis, y a Laurens y a Conrad.

Sí, los cocodrilos se dieron un festín. Y también me habrían incluido a mí en su sangriento banquete, de no haber estado yo colgado de la rama de un árbol.

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