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Virgilio afirma que existen doce variedades del latín y que en cada una de ellas la palabra fuego puede ser distinta: ignis, quoquihabin, ardon, calax, spiridon, rusin, fragon, fumaton, ustrax, uitius, siluleus, aeneon (Epitomae, IV, 10). Una batalla se denomina praelium porque tiene lugar en el mar -praelum-, y porque su amplitud genera la supremacía, o praelatum, de lo maravilloso (Epitomae, I, 4). La geometría es un arte que explica todos los experimentos con las hierbas y las plantas, y es ésa la razón por la que los médicos se llaman geómetras (Epitomae, IV, 11). El rétor Aemilius proclamó elegantemente SSSSSSSSSSS. PP: NNNNNNNN. GGGG. RR. MM. TTT. D. CC. AAAAAAA. IIIII. VVVVVVVV. O. AE. EEEEEEE., que debería querer decir "el hombre sabio chupa la sangre de la sabiduría y debe llamarse justamente sanguijuela de las venas" (Epitomae, X, 1). Galbungus y Terrentius se enfrentaron en una discusión que duró catorce días y catorce noches para discutir el vocativo de ego, y el problema era de suma importancia porque se trataba de determinar cómo había que dirigirse enfáticamente a uno mismo ("¡Oh, yo!, ¿he obrado bien? O egone, recte feci?"). Esto y más nos cuenta Virgilio, recordándonos al joven Joyce que preguntaba si era válido el bautismo con agua mineral. |