Cuento para el robot Rindadell
19:43. Atardecer violeta y rojo en Carcoma, Ohio, y la explosión nuclear color arroz con leche más bonita que se recuerde, allá a lo lejos. El reverendo Caldusky sale a recibirme con los brazos abiertos y se le cae parte de la cara al suelo ("qué contrariedad", exclama ufano). Le guiño un ojo y suelto un muy divertido comentario sobre su preocupante alopecia (fruto, sin duda, de una excesiva exposición al microondas de la parroquia), y nos reímos a carcajadas durante varios minutos.
Caldusky suspira y me besa en la boca. Luego nos vamos a comer a Dooley's.