Día 41. S.R.
Nos despiertan de madrugada y nos conducen con los ojos vendados a sala de reuniones del Ala Este, una habitación pequeña pero de techo altísimo, desprovista de todo mobiliario, excepto por la Máquina Aritmética. Una vez allí nos retiran las vendas y nos vuelven a contar. Están todos los Obispos menos Derrier, que no asistirá a la reunión de hoy porque, según nos explican, se encuentra de viaje en la provincia de K***f. Mientras nos cuentan, me fijo en los Obispos: parecen nerviosos; la ausencia de Derrier les incomoda a todos y constantemente se escrutan los unos a los otros en busca de aprobación.
Sin previo aviso, la doctora Lewis sale de detrás de las cortinas y nos dice que esta noche el Obispo Gourgaud sustituirá a Derrier; luego reparte diávolos chinos y pastillas para la tos a cada uno de nosotros, excepto a Cromwell, el conductista. En el otro extremo de la habitación Gourgaud se sonríe: hoy es un gran día para él, por fin le han permitido dirigir una reunión y está contento. A una voz suya, la doctora Lewis acciona una palanca y las luces de la sala pierden intensidad. Luego, completamente en silencio, los Obispos conectan a Cromwell a la Máquina Aritmética y la ponen a funcionar. "La Máquina Aritmética produce efectos que se aproximan más al pensamiento que todo lo que producen los animales", susurra Blaise y entonces Cromwell desaparece en una explosión de lechoso humo blanco y ya no le volvemos a ver jamás. ¡Consumatum est!, grita extasiado Gourgaud desde el interior de la nube.
Y Derrier se carcajea tras las cortinas.