Una Tarde con Ana Bruck
El problema era entonces cómo sacarlo de encima de la marquesina. Había sólo dos posibilidades: con una escalera, o bien a través de la ventana del primer piso. En el primer piso vivía una viejecita cascarrabias a quien no le parecía nada bien la idea de que Olga pasara a través de su ventana para rescatar al gato. Intervino entonces un muchacho para defenderla, el cual dirigiéndose a la anciana observó: "¡Si no hubiera gatos, los ratones la devorarían! La viejecita se imaginó la situación y pensándoselo bien se avergonzó un poco de sí misma. Y así dio su permiso para que el muchacho pudiese salvar al gato. Murr volvió a casa y nunca más se cayó de la ventana.
La verdadera historia de Murr,
Katjia Rudeneva y Olja Sedakova, (traducida por Marina Romero)
Mi buena amiga Ana Bruck y yo estábamos ayer a la salida de un centro comercial observando a un diminuto gatito atrapado en el alféizar de una ventana, sin apenas espacio para moverse y completamente aterrorizado.
- Pobrecito, mira cómo maulla. Qué pena me está dando. ¿Cuánto tiempo crees que lleva ahí fuera?
- No lo sé. Está muy asustado. Se va a caer.
- No se va a caer. Seguro que se queda bien quietecito hasta que le abran la ventana y pueda volver a entrar. Además, aunque se cayera no le pasaría nada, ¿no? Es un gato, no puede pasarle nada.
- Seguro que se cae... es sólo un gatito y está en un décimo piso, parece que está más abajo porque este edificio engaña mucho, pero es un décimo piso. Sería un milagro que se cayera y no le ocurriese nada. Seguro que se cae.
- Trece. Es el piso trece.
- Mejor me lo pones. Del piso trece no se salva ningún gato, y menos un gatito tan pequeño como éste.
- Y con el frío que hace...
- Ya... ah, mira, alguien está abriendo la ventana. Menos mal, estaba a punto de caerse.
- Qué cara más rara tiene ese hombre, ¿verdad?
- Es un viejo muy feo. Se parece al doctor Caligari, solo que sin sombrero.
- Mira, está acariciando al gatito. Le acaricia y ahora le da algo de comer. El gatito está comiendo de su mano.
- Ahora parece mucho más tranquilo, ¿verdad? Menos mal, si no llega a tiempo... ¿Qué hace? ¡Cerró la ventana!
- ¡Oh, mira! ¡Ahora hay dos gatitos! |