El Hombre que Comía Diccionarios
Julio 27, 2003

La Máquina Aritmética: VI

Día 41. S.R. Nos despiertan de madrugada y nos conducen con los ojos vendados a sala de reuniones del Ala Este, una habitación pequeña pero de techo altísimo, desprovista de todo mobiliario. Una vez allí nos retiran las vendas y nos vuelven a contar. Están todos los Obispos menos Derrier, que no asistirá a la reunión de hoy porque se encuentra de viaje en K****. Me fijo en los Obispos: parecen nerviosos; la ausencia de Derrier les incomoda a todos y constantemente se escrutan unos a otros en busca de aprobación.

Sin previo aviso, la doctora Lewis sale de detrás de las cortinas y nos dice que el Obispo Gourgaud sustituirá a Derrier; luego reparte diávolos chinos y pastillas para la tos a cada uno de nosotros, excepto a Cromwell, el conductista. En el otro extremo de la habitación Gourgaud se sonríe: hoy es un gran día para él, por fin le han permitido dirigir una reunión y está contento. A una voz suya, la doctora Lewis acciona una palanca y las luces de la sala pierden intensidad. Luego, completamente en silencio, los Obispos conectan a Cromwell a la máquina aritmética y la ponen a funcionar. "La máquina aritmética produce efectos que se acercan más al pensamiento que todo lo que producen los animales", susurra Blaise y entonces Cromwell desaparece en una explosión de humo blanco y ya no le volvemos a ver más. Consumatum est, grita Gourgaud desde el interior de la nube de humo.

Derrier se carcajea tras las cortinas.

Continuará ...

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