Cuentos Para Robots (IV)
Cuento para el robot Rindadell
19:43. Atardecer violeta y rojo en Carcoma, Ohio, y la explosión nuclear color arroz con leche más bonita que se recuerde, allá a lo lejos. El reverendo Caldusky sale a recibirme con los brazos abiertos y se le cae parte de la cara al suelo ("qué contrariedad", exclama ufano). Le guiño un ojo y hago un muy divertido chiste sobre su preocupante alopecia (fruto sin duda de una excesiva exposición al microondas de la parroquia), y nos reímos a carcajadas durante varios minutos.
Luego nos vamos a comer a Dooley's.
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