ayer - ¡Feliz cumpleaños, Arnauti! (+)

Archive for the 'default' Category

Advertencia

Saturday, December 30th, 2006

A cualquiera:

Prohíbo leer en voz alta el texto durante el transcurso de la ejecución musical. Todo incumplimiento de esta observación levantará mi justa indignación contra el petulante.

No se conceden privilegios.

Erik Satie

La Jetée

Friday, December 29th, 2006

Guión en inglés.

(vídeo vía Kottke.org)

¿Qué clase de hombres son los poetas?

Saturday, December 23rd, 2006

¡Estoy yendo muy rápido! ¡Cuánto contenido hay en cada frase de esta breve historia! “Las estrellas están hechas de átomos del mismo tipo que los de la Tierra.” Suelo escoger temas como este para dar alguna conferencia. Los poetas dicen que la ciencia despoja de belleza a las estrellas, meros montones de átomos de gas. Nada es “mero”. También yo puedo ver las estrellas en una noche clara, y sentirlas. Pero ¿veo menos o veo más? La vastedad de los cielos extiende mi imaginación: atado a este carrusel mi ojo puede captar luz de hace un millón de años. En esta vasta estructura —de la que yo formo parte— tal vez la materia que me constituye fue vomitada desde alguna estrella olvidada, del mismo modo otra está siendo vomitada allí. O vemos las estrellas con el gran ojo de Palomar, alejándose rápidamente de un punto de partida común en el que quizá estaban juntas. ¿Cuál es la estructura, o el significado, o el porqué? Al misterio no le perjudica que se sepa algo sobre él. ¡Pues la verdad es mucho más maravillosa que lo que cualquier artista del pasado pudo imaginar! ¿Por qué los poetas del presente no hablan de ello? ¿Qué clase de hombres son los poetas que pueden hablar de Júpiter como si fuera un hombre, pero deben guardar silencio si es una inmensa esfera de metano y amoníaco en rotación?

Seis piezas fáciles, Richard P. Feynman

El Señor Simonnot

Saturday, December 23rd, 2006

El señor Simonnot, colaborador de mi abuelo, almorzaba los jueves con nosotros. Yo envidiaba a ese cincuentón de mejillas de niña que se barnizaba el bigote y se teñía el tupé. Cuando Anne-Marie, para que durase la conversación, le preguntaba si le gustaba Bach, si le gustaba el mar, la montaña, si tenía un buen recuerdo de su ciudad natal, se tomaba cierto tiempo para reflexionar y dirigía su mirada interior hacia el macizo granítico de sus gustos. Cuando había encontrado la información pedida, se la comunicaba a mi madre, con una voz objetiva, saludando con la cabeza. ¡Qué hombre feliz! y pensaba que todas las mañanas debía de despertarse lleno de gozo, verificar, desde algún Punto Sublime, sus picos, sus crestas y sus valles, y luego estirarse voluptuosamente diciendo: “Sin duda soy yo, soy el señor Simonnot entero”. Naturalmente, cuando me preguntaban a mí, yo era capaz de dar a conocer mis preferencias y hasta de afirmarlas; pero, en la soledad, se me escapaban; lejos de verificarlas, había que tenerlas y empujarlas, insuflarles vida; yo ni siquiera estaba seguro ya de preferir el filete de vaca al asado de ternera. Cuánto hubiera dado porque se instalase en mí un paisaje atormentado, unas obstinaciones rectas como acantilados. Cuando la señora Picard, usando con tacto un vocabulario de moda, decía de mi abuelo: “Charles es un ser exquisito”, o “No se conoce a los seres”, me sentía condenado y sin recurso. Las piedras de Luxemburgo, el señor Simonnot, los castaños, Karlimami, eran seres. Yo, no. Yo no tenía ni su inercia, ni su profundidad, ni su impenetrabilidad. Yo no era nada: una transparencia imborrable. Mis celos no tuvieron límites el día en que me dijeron que el señor Simonnot, esa estatua, ese bloque monolítico, además era indispensable para el universo.

Las Palabras, Jean-Paul Sartre

Empresas humanas

Tuesday, December 19th, 2006

Sr. Tord Pramberg
Estocolmo, Suecia

Estimado Señor:

El hecho de que yo toque los bongos no tiene nada que ver con el hecho de que haga física teórica. La física teórica es una empresa humana —uno de los más altos desarrollos de los seres humanos— y este perpetuo deseo de demostrar que las personas que la hacen son humanas mostrando que también hacen cosas que hacen otros seres humanos (como tocar los bongos) me resulta insultante.

Soy lo bastante humano como para decirle que se vaya al infierno.

Afectuosamente,
Richard P. Feynman

Richard P. Feynman a Tord Pramberg, 4 de enero de 1967,
¡Ojalá lo supiera! Las cartas de Richard P. Feynman

I List

Friday, December 8th, 2006
  • I have collected a glass full of sea water in Brighton and carefully carried it back home on the train in a tube without a lid trying not to spill it then placed it at the side of my bed until it evaporated.
  • I have compiled a definitive list of every single Formula 1 driver who has ever raced in a world championship race.
  • I have compiled all the song lyrics from every Beatles song in order of release on a single A2 sheet, there are over 24,000 words, I can start reading from anywhere on the sheet and recognise the song.
  • I have a small clear plastic box where I am collecting every single nail clipping from my fingers and toels, I have been collecting for over one and a half years.
  • I have given my very first grey hair to my mum for Christmas.
  • I have placed every single photographic print of my girlfriend Flávia loose in an A1 box frame, this can be shaken to bring different pictures to view at the front of the pile.

(more…)

Dios

Sunday, December 3rd, 2006

[541] Dios pudo inventar la física, pero tuvo que aceptar la matemática.

[542] Si Dios, que es eterno, creó el mundo, entonces ¿en qué se ocupó durante la primera semieternidad?

[543] La afirmación “Dios no es necesario para explicar la realidad” no es una conclusión de la ciencia, sino una de sus hipótesis de trabajo.

[544] La frecuente atribución humana de una catástrofe natural a un castigo divino es un indicio (otro) de que Dios está hecho a la imagen y semejanza del ser humano.

[545] Dios no puede ser a la vez bueno y omnipotente.

[546] Es inútil rogar a dios ya que Él es uno de los pocos conceptos que, por definición, no cambia.

[547] El pez amazónico Brachyplatystoma filamentosum, asadoahumado y salpimentado con alcaparras (filhote grellado), es una de las pruebas más serias en favor de la existencia de Dios.

[548] La religión es un placebo existencial.

[549] La ciencia no sirve para demostrar la existencia o la inexistencia de Dios, aunque, desafortunadamente, nadie de los que ha atacado la ciencia en nombre de una iglesia parece estar convencido del todo.

[550] La pregunta es de un estirado teólogo: «Con toda su ciencia ¿ha llegado usted a alguna conclusión sobre la existencia de Dios?», y la respuesta es de J. B. S. Haldane, el legendario naturalista especialista en escarabajos: «No, pero sí le puedo decir que, si existe, tiene una afición desmedida por los escarabajos».

A más cómo menos por qué, 747 reflexiones con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo cultural, Jorge Wagensberg

Indecisión

Tuesday, November 28th, 2006

Metafísica de los tubos

Tuesday, November 28th, 2006

En el principio no había nada. Y esa nada no estaba ni vacía ni era indefinida: se bastaba sola a sí misma. Y Dios vio que aquello era bueno. Por nada del mundo se le habría ocurrido crear algo. La nada era más que suficiente: lo colmaba.

Dios tenía los ojos perpetuamente abiertos y fijos. Si hubieran estado cerrados, nada habría cambiado. No había nada que ver y Dios nada miraba. Se sentía repleto y compacto como un huevo duro, cuya redondez e inmovilidad también poseía.

Dios era la satisfacción absoluta. Nada deseaba, nada esperaba, nada percibía, nada rechazaba y por nada se interesaba. La vida era plenitud hasta tal puntoque ni siquiera era vida. Dios no vivía, existía.

Para él, su existencia no había tenido un principio perceptible. Algunos grandes libros comienzan con unas primeras frases tan poco llamativas que uno las olvida inmediatamente y tiene la impresión de vivir instalado en esa lectura desde el principio de los tiempos. De igual modo, resultaba imposible señalar el momento en el que Dios había empezado a existir. Era como si siempre hubiese existido.

Dios carecía de lenguaje y, por consiguiente, también de pensamiento. Era todo saciedad y eternidad, Y ese todo demostraba hasta qué punto Dios era Dios. Y esa evidencia carecía de importancia, ya que a Dios le traía sin cuidado ser Dios.

Los ojos de los seres vivos poseen la más sorprendente de las virtudes: la mirada. No existe nada tan singular. De las orejas de las criaturas no decimos que poseen “escuchada”, ni de sus narices que poseen una “olida o una “aspirada”.

¿Qué es la mirada? Ninguna palabra puede aproximarse a su extraña esencia, Y, sin embargo, la mirada existe. Incluso podría decirse que pocas realidades existen hasta tal punto.

¿Cual es la diferencia entre los ojos que poseen una mirada y los ojos que no la poseen? Esta diferencia tiene un nombre: la vida. La vida comienza donde empieza la mirada.

Dios carecía de mirada.

Las únicas actividades de Dios eran la deglución, la digestión y, como consecuencia directa, la excreción. Esas actividades vegetativas pasaban por el cuerpo de Dios sin que él se diera cuenta. Los alimentos, siempre los mismos, no resultaban lo suficientemente estimulantes para que él los percibiera. Algo parecido ocurría con la bebida. Dios abría todos los orificios necesarios para que los alimentos y líquidos lo atravesaran.

Ésta era la razón por la cual llegados a este punto de su desarrollo, llamaremos a Dios el tubo.

Existe una metafísica de los tubos. Sobre los tubos, Slawomir Mrozek ha escrito palabras que uno no sabe si son abrumadoras en su profundidad o extraordinariamente desternillantes. Quizás sean ambas cosas a la vez: los tubos son una singular mezcla de plenitud y vacío, de materia hueca, una membrana de existencia que protege un haz de inexistencia. La manguera es la versión flexible del tubo: su blandura no la convierte por ello en algo menos enigmático.

Dios poseía la flexibilidad de la manguera, pero seguía siendo rígido e inerte, confirmando así su naturaleza de tubo. Conocía la serenidad absoluta del cilindro. Filtraba el universo y nada retenía.

Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb

Un juego automodificante

Saturday, November 25th, 2006

Una primera variación se refiere a algunos juegos en los cuales, cuando es nuestro turno, podemos modificar las reglas. Consideremos el ajedrez: evidentemente, las reglas son siempre las mismas, lo único que cambia con cada movimiento es la situación del tablero. Ahora bien, inventemos una variación consistente en que, cuando nos toca jugar, hagamos un movimiento o, en lugar de ello, modifiquemos las reglas. ¿Cómo hacerlo, empero? ¿Con total libertad? ¿Lo convertimos en un juego de damas? Por cierto, semejante anarquía carecería de propósito; debemos establecer algunas restricciones: por ejemplo, una versión podría permitir que se redefina el movimiento del caballo. En vez de ser 1-y-luego-2, podría ser m-y-luego-n, donde m y n sean números naturales arbitrarios; llegado nuestro turno, podríamos cambiar tanto a m como a n por más o menos 1, de modo que el movimiento podría ir desde 1-2 a 1-3 a 0-3 a 0-4 a 0-5 a 1-5 a 2-5… También sería posible contar con reglas que redefinan los movimientos del alfil, y de todas las piezas restantes. Además, se podrían agregar escaques, o reducir los existentes…

Tenemos ahora dos estratos de reglas: las que indican cómo mover piezas y las que indican cómo modificar las reglas. Tenemos entonces reglas y metarreglas. El paso que sigue es obvio: introducir metametarreglas gracias a las cuales podamos cambiar las metarreglas. Lo que no es tan obvio es cómo conseguir esto. La razón por la que es sencillo formular reglas relativas al movimiento de las piezas consiste en que éstas se desplazan en un espacio formalizado: el tablero. Si podemos idear una notación formal simple para expresar reglas y metarreglas, manipularlas será como manipular formalmente cadenas o, inclusive, como manipular piezas de ajedrez. Para llevar las cosas a su extremo lógico: incluso, sería posible expresar las reglas y las metarreglas como posiciones, en tableros auxiliares. Luego, una determinada posición del tablero podría ser interpretada como una partida, o como un conjunto de reglas, o como un conjunto de metarreglas, etc., según el criterio que nos interese aplicar en cada oportunidad. Por supuesto, deberá existir acuerdo entre los jugadores en cuanto a las convenciones que rijan la interpretación de la notación.

Podemos contar, pues, con un gran número de tableros adyacentes: uno para la partida, otro para las reglas, otro para las metarreglas, otro para las metametarreglas, y así siguiendo hasta donde se desee. El jugador a quien toca el turno puede hacer un movimiento en cualquiera de los tableros, excepto en el de máximo nivel, siguiendo las reglas que correspondan (se aplican las de tablero ubicado inmediatamente a continuación en la jerarquía). Indudablemente, los jugadores pueden llegar a sentirse por completo desorientados ante el hecho de que casi todo -¡pero no todo!- puede modificarse. Por definición, el tablero de nivel superior no puede ser alterado: es inviolable. Hay otras cosas inviolables: las convenciones en virtud de las cuales son interpretados los tableros, el acuerdo de jugar por turnos, el de que cada jugador puede modificar un tablero por turno… pueden encontrase más si se examina detenidamente la idea.

Y es posible ir mucho más adelante, desplazando los pilares que permiten establecer la orientación. Un paso por vez… comenzamos por yuxtaponer toda la hilera de tableros en uno solo. ¿Cómo proceder luego? Habrá dos formas de interpretar el tablero: (1) como conjunto de piezas sujetas a movimiento; (2) como reglas que gobiernan el movimiento de las piezas. Ahora bien, cuando nos toca el turno, movemos piezas, ¡y forzosamente, modificamos las reglas! De tal modo, las reglas se transforman a sí mismas constantemente: esto impresiona como un reflejo de la Tipogenética, y de la misma genética real. La distinción entre partida, reglas, metarreglas, metametarreglas, se ha perdido. Lo que una vez fue una esmerada disposición jerárquica se ha convertido en un Bucle Extraño o Jerarquía Enredada. Los movimientos cambian las reglas, las reglas determinan los movimientos… giro tras giro en torno al mismo punto… Aún hay diferentes niveles, pero la distinción entre “más bajo” y “más alto” se ha borrado.

Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle, Douglas R. Hofstadter